Feria del libro de Sevilla, 12 de mayo de 2007:
Me alegra estar hoy aquí participando en la presentación de esta antología coordinada por Enrique Falcón, Once poetas críticos en la poesía española reciente.
Me alegra por motivos personales y por otros específicamente vinculados a lo poético. En las últimas décadas los foros públicos de la poesía han estado copados por un debate con prácticas y miras teóricas de corto alcance que hacían muy difícil reconocer la diversidad y el calado de otras propuestas surgidas en los márgenes de esa discusión. Debido al intento de poner un copyright sobre el tema social de la parte más visible de este pseudo-debate, la llamada poesía de la experiencia, la discusión sobre las relaciones entre poesía y sociedad / poesía y política parecía estar desactivada. Once poetas críticos vuelve a poner de relieve que sobre este asunto aún queda mucho por decir. La vuelta a este terreno no es sólo necesaria por la gravedad de la situación política y social del tiempo que vivimos, también lo es por la necesidad imperiosa que el pensamiento crítico tiene de examinarse en público en todos aquellos ámbitos en que se ejerce; por ejemplo, en el poético.
El marco teórico y referencial que ofrece Enrique Falcón en la introducción y el epílogo demarca una línea de lectura que toca, en un punto o en otro, a los once poetas representados en ella y hace posible un discurso coherente. Como toda antología ésta incide en un aspecto particular de los autores que incluye. De entre las lecturas que podrían hacerse de cada uno ellos, la muestra ofrece su propia propuesta y arma una comunidad de entre las muchas posibles.
Una de las mayores virtudes del prólogo es, precisamente, su capacidad para poner en evidencia la vitalidad de esta particular corriente crítica, más allá y por encima del silencio mediático e institucional que se mantiene al respecto. En este sentido el libro traza una línea que conecta alguno de los puntos de resistencia a la homogeneización ejercida sobre las conciencias tanto en el plano de la acción como en el de la creación poética. Ciertamente no todos los poetas críticos aparecen en el ámbito delineado por esta antología. Tampoco se puede esperar que la crítica de estos poetas cubra todos los ámbitos a los que se puede y se debe propiciar la transformación socio-política. Las corrientes y las formas que la resistencia crítica toma en la poesía, afortunadamente, no caben en una antología. Sin embargo ésta, centrada en la relación política de las palabras con su entorno, no excluye ni niega otros nombres ni otras vías, sino que fortalece en general a las posturas contestatarias e inconformes y propone un proceso organizativo ejemplar.
Hoy tenemos la oportunidad de escuchar a 5 de los 11 poetas incluidos en la antología. Se trata de Antonio Orihuela, Miguel Ángel García Argüez, David Franco Monthiel, David Eloy Rodríguez y José María Gómez Valero. Los 6 restantes son Jorge Riechmann, Daniel Bellón, Isabel Pérez Montalban, David Gonzalez, Antonio Rubio y el propio coordinador del libro, Enrique Falcón.
De sobra está decir que lo que unifica a estos autores se encuentra más en la índoles de las preguntas que alimenta su proyecto que en el de las poéticas concretas a las que dan lugar. Ciertamente existe una comunidad, pero la individualidad no se suprime. Uno de los mayores logros de esta reunión es que ni siquiera en cada uno de los autores la línea que separa uno y otro concepto está clara. En mi opinión ésta es una de las claves de la revisión del activismo poético que se encuentra en la base de la antología. La inserción del poema en el cuerpo social se establece desde coordenadas móviles, nomádicas, que tan pronto sientan sus tiendas de campaña en el reducto de lo íntimo como en el promontorio de los asuntos de los que Frantz Fanon llamaba “condenados de la tierra”.
De este enriquecimiento de las perspectivas se desprende también la complejidad de las respuestas. Aunque se conserva la voz del que habla por los otros y se hace ondear la bandera de la marcha hacia el futuro, también se hace crítica de la crítica, se ejercita el “contracontracontrapoder” y se sopesa (rehuyendo por igual el escepticismo y la ingenuidad) el alcance social de la palabra poética.
Este es otro de los aportes al debate de la poesía: ponernos ante los ojos una muestra viva de sus propias tensiones tal y como se encarnan en el lenguaje. El reto en este punto sigue estando en profundizar en la tirantez que se produce al poner en contacto el deseo de hacer que el poema cree una sociedad y los recursos poéticos que son capaz de llevar a cabo la encarnación del poema en ese cuerpo social.
No se puede pedir mayor honestidad a un proyecto poético que el intento sea decidido y claro: yo creo que lo es. Ahora le toca el turno de demostrarlo a los poetas.
—Benito del Pliego
Sevilla, 12 de mayo de 200